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2.9.25

Lo que el washi tape esconde

¿Sabéis que tengo una taquilla? Sí, sí, como lo oís. Pues traía unas pegatinas horrorosas (estilo washi tape) cubriendo toda la parte superior de la puerta. Mientras que la quitaba con mucha dificultad, conseguí ver que había algo escrito con permanente, era una C. Todas las taquillas tienen el nombre de la propietaria escrito, así es que jugué a adivinar el nombre de la anterior inquilina —¿Carmen? Carolina? ¿C. Tangana…?

Finalmente, pude quitar la pegatina entera haciendo el descubrimiento arqueológico más fascinante hasta nuestros días.

Mi piedra Rosetta.

¿Qué motivaría el odio tras esa palabra? ¿Le hacían bullying a la antigua propietaria? ¿Era ella la bully? ¿Despertaba muchas envidias por tener una taquilla? Nunca lo sabremos, pero para quitarle todas las malas energías —que estaba claro que las tenía— tuve que hacerle un ritual de purificación. Pensé en contratar a un exorcista o a Rappel, pero se me iba de presupuesto, así es que al final opté por decorarla con pegatinas de dibujos.


Ahora ya tiene los chakras como el jaspe.

12.6.25

Secretos de hospital

Saludos, internautas:

Ha pasado tiempo desde que no escribo y ha pasado algo que me cambiado la vida. Os pongo en contexto. El trabajo de un sanitario es precario por definición. Esto viene así descrito en el artículo 12.3 de la Ley General de Sanidad. Es por todos sabido que nuestra profesión se caracteriza por trabajar de noche, contagiarse de enfermedades, la sobrecarga laboral… pero hay algo que sufrimos que está silenciado. Hay una cosa sólo al alcance de unos pocos privilegiados: tener un sitio donde dejar tu ropa mientras trabajas. Lo normal es que te cambies en un baño diminuto y te enfrentes a la difícil decisión entre dejar tus cosas en el suelo o en la taza del váter. Además, compartes desnudez en ese limitado espacio con varias personas frotándose involuntariamente (o no) con tu culo. Si, para colmo de tus desgracias, eres sustituta, muy probablemente te estés presentando en ese momento tan íntimo. Después, dejas tus cosas en el baño, o en cualquier recoveco que encuentres, y procedes a rezar a todos tus dioses para que cuando vuelvas tras 12 horas permanezcan ahí.

Sin encambio, hay una élite que vive otra realidad: la gente con taquilla. Son muy pocas, pero esas personas existen, yo las he visto. Son la aristocracia hospitalaria.


El motivo de la burbuja de la taquilla es que hay muchísimas más personas que taquillas. Yo pensaba que, cuando por fin conseguías ser fija, alguien te hacía entrega de las llaves de tu taquilla. Pero cuando fui a demandarlas a mi supervisora, noté en su mirada que sintió pena por mi inocencia. Por supuesto, me fui de ese hospital sin haber conseguido una. Cuando me trasladaron, repetí la operación con el mismo resultado. Esta vez, rogué a mi supervisora que me dijera qué hilos debía mover para conseguir una, pero no era tan sencillo. El reparto de taquillas es un proceso de lo más opaco que da lugar a un mercado negro. Para el común de los mortales las únicas opciones que hay son las siguientes:

  1. Que la usuaria de una muera y te la haya dejado en su testamento.
  2. Que seas la BFF de alguien que se vaya del hospital.
  3. Que alguien quiera alquilártela (en tal caso la compartirás).

Hice cosas de las que no estoy orgullosa, como interrogar incómodamente a todas las personas que me encontraba sobre si sabían de alguna enfermera que estuviera terminal, lamerle el culo a toda la gente de 64 años o pasarme por la piedra al consejero de sanidad. ¡Pero no fue suficiente! Sin embargo, una mañana ocurrió el milagro navideño: una compañera me dio el chivatazo de que una enfermera se trasladó a otro hospital para no volver y había dejado huérfana una —¡¡La tía guarra!!— Así pues, los de seguridad procedieron a la apertura comprobando que, efectivamente, no había nada. Ahora doy un asco increíble. Miro por encima del hombro a la gente sin taquilla, fuerzo todas las conversaciones de una manera absurda para mencionar que tengo una e incluso he hecho una entrada en el blog que trata exclusivamente del tema.

Pero no todo son ventajas como pensaba. La posesión de una taquilla trae consigo un nuevo miedo: que me entre una okupa. ¡No es coña! He visto una nota en una taquilla que dice que está ocupada ilegalmente y que si en el plazo de 15 días no se desocupa, llamarán a Dani Desokupa. No, esto último es broma. Pero sí dice que se procederá a su apertura por parte de la dirección. ¡El mismísimo director del hospital va a encargarse de abrirla!

Como veis la cosa es seria.

19.8.24

¿Gay o etéreo?

Me han concedido el traslado de la plaza a Albacete, motivo por el cual tenemos que buscarnos un piso de alquiler. Así fue como llegamos al anuncio del piso de un señor al que llamaremos Mariano. La conversación telefónica para ver el inmueble llegó a un punto en el que me preguntó:

— ¿Dispones de vehículo?
— Eeh… ¿sí? –
No entendía a qué venía esa pregunta.
— Pues a las 19:00 me recoges en la otra punta de Albacete para ir a ver el piso. Y bueno, a la vuelta me puedes llevar en coche o… si no puedes, pues me tendré que volver andando. —Dijo con tono lastimero.

No sé si esto le pasa a la gente normal o sólo a mí, que en vez de enfrentar con sinceridad las cosas y decirle “Mire, estoy viendo pisos por la otra punta de Albacete y no me apetece tener que coger el coche para recogerlo. Si quiere venga a enseñárnoslo a pie que esto no es Madrid o al menos pregúnteme con más tacto si nos importa y deme una explicación lógica a por qué debería recogerlo”. En vez de decir todo esto dije “Sí, claro, le recogemos”.

Yo quería pensar que se trataba de un abuelo. Por la voz y la forma de hablar me cuadraba y yo a los abuelos les perdono casi todo.

A las 19:15 viendo que no venía, lo llamo.

— Hola, hemos quedado hace 15 minutos.
— Ah, sí. ¿Era para el piso de la calle Pino, verdad?
— Sí.

Cuando él y sus santos cojones se dignaron a aparecer comprobando que no era un tierno anciano, sino un señor de 66 años, le pregunto:

— ¿Pero es que tiene usted más pisos?
— Sí tengo otro que vale lo mismo, si queréis ahora lo vemos.
— Vale.

En aquel momento aún no sabíamos que Mariano era propietario de un elevado número de pisos de alquiler. En el coche fuimos de charleta y me pareció un hombre entrañable. Descubrimos que pasamos la horrible primera ola de COVID en la misma UCI, él de paciente y yo de enfermera.

Cuando llegamos a ver el piso, no estaba muy mal de no ser porque estaba muy sucio. El suelo lleno de tierra (cosa que no entiendo siendo un 3º), los muebles con una cantidad imposible de polvo, la cocina llena de grasa naranja y, la joya de la corona: la tapa del váter estaba abierta y en ella había una colonia de pequeñas mariposas. Parece ser que el último inquilino fue un microbiólogo. Desconozco si en esa casa estaba haciendo experimentos micro y macrobiológicos, lo cual habría sido una explicación a semejante ecosistema. Tal era el nivel de mierda que, yo, que me da mucha vergüenza enfrentar estas cosas, le dije:

— En caso de quedarnos con el piso, ¿se limpiaría antes?

Ahí se le enclavijó la cara y le cambió el tono de voz. Lejos quedaba ese hombre dicharachero que nos contaba que estábamos ante el último grito en colchones.

— Los inquilinos es que se piensan que tú le tienes que dejar el piso impoluto, pero luego ellos te lo devuelven sucio. Yo no te pido que me lo devuelvas más limpio de lo que te lo dejo, ¡déjamelo igual!

¿Cómo íbamos a dejar igual la granja de mariposas que había en la tapa del váter, el polvo de meses de abandono o la grasa fósil? Mariano inició un interminable soliloquio en el que decía que los inquilinos sólo exigíamos y los caseros eran los grandes mártires de esta sociedad.

— Esta raya en la pared no estaba cuando lo alquilé por última vez, en cambio yo no le he exigido al inquilino que me pinte el piso. El otro día me llamó una diciéndome que la lavadora le rompía la ropa, que tenía que cambiársela. ¡Que compre ella una!


En aquel momento ya teníamos claro que lo último que queríamos en esta vida era a Mariano de casero, pero ya le habíamos dicho que íbamos a ver otro de sus pisos. Por supuesto tuvimos que darnos otro paseo en el coche con él donde continuó su cháchara de la primera ola del COVID:

— De todos los que estábamos ahí se murieron diez hombres y un gitano, sólo sobreviví yo. La sanidad es un desastre, si es que si los zurdos invirtieran en sanidad lo que invierten en pagarles las fiestas a los gays… ¡Que yo no tengo nada en contra de los gays! que a mí me da igual que seas gay o “etéreo”... ¡Mira! es ese garaje, puedes dejar el coche dentro, pero como lo rayes, ¡Yo no quiero saber nada!

Bajamos al garaje y se pone a indicarme cómo aparcar. No quiero a abrir el melón de señores asumiendo que tienen que enseñar a las mujeres a aparcar ¡Pero es que Mariano se puso desde fuera del coche a agarrarme el volante a través de la ventana! Mi paciencia ahí estaba a punto de desbordarse y no sé cómo le pude decir con temple “Si no me suelta el volante, no puedo ver el retrovisor para aparcar”. En ese momento yo me preguntaba, cómo había ido permitiendo toda esta serie de desfachateces hasta el punto de acabar ahí para ver un piso que no quería ver con un señor sacado de una película de Hitchcock encaramado a mi volante.

Por fin llega el momento de ver el piso. Si el otro me pareció sucio… Este tenía la ducha con un dedo de moho negro. Tenía dos patios que decía que llevaban 3 años sin limpiarse porque la inquilina no lo había hecho y él menos lo iba a hacer. Apelaba a su “No te pido que me lo dejes más limpio, ¡déjamelo igual!”. Los muebles estaban destrozados, pero es que para colmo era de los pisos más caros que vimos y con diferencia el peor. Al ir a bajar una persiana estaba rota a lo que dijo exaltado “Ésta es otra, los inquilinos siempre quieren que arregle las persianas. ¡Pues no la abras y ya está!”. Mariano inició otra vez su interminable monólogo y yo que no soportaba un segundo más me inventé que teníamos que irnos a ver otro piso con urgencia y que lo llevara a su casa de vuelta su puta madre en bicicleta.

En la despedida, para sorpresa nuestra tras los distintos brotes de ira, oigo que le tiembla la voz y veo sus ojos anegados en lágrimas “Gracias a todos los sanitarios como tú yo estoy hoy aquí”. Dijo tendiéndome la mano para despedirse. Yo no daba crédito al compendio de emociones que se estaban sucediendo en tan poco tiempo. Le di la mano por la ventana de la cual se me había encaramado minutos antes y salí de ahí quemando rueda como El Vaquilla.

30.9.20

Centro de salud

He puesto fin a mi rotarorio por la consulta de enfermería pediátrica del centro de salud. Un mundo de niños bonicos, con la diferencia de que éstos, con respecto al resto de rotatorios, están en su mayoría sanos. No se puede aspirar a un trabajo más feliz en la vida. 

Bolita *_*

El mundo en el centro de salud no es tan dramático y acelerado como en el hospital, pero también hay mucho trabajo (al menos si tienes ganas de trabajar). Vacunas, revisiones de vista y espalda, analíticas, curas de cocones extremos, explicar hábitos saludables, meter a los niños en el programa de desintoxicación de chupes, enseñar a los padres el manual de instrucciones de su recién adquirido bebé, conseguir que un niño deje de ser un mearra, decirle a los teenagers que usen condón y no se droguen (y sentirte boomer), imprimir dibujos para colorear para los niños que se portan bien (y los que se portan mal también) (y para mí también). Muy divertido. Cuando llegué iba yo de R2 muy subidita pensando que este año de residencia se notaría y que la atención primaria sería muy fácil en comparación con otros rotatorios. Poco sabía entonces de que los padres se reservan sus preguntas más random para las ITVs de sus bebés. Muchos traen incluso una lista con esas dudas que no les dejan dormir tales como: "A mi bebé no le huelen mal las mierdas- yo aquí ya tenía preparada la respuesta al por qué-, pero entonces, ¿por qué los pedos le huelen fatal?". Esa pregunta final ya me desmontó todo.

¿Quién no ha cagado nuggets alguna vez?

La novedad de esta temporada en el centro de salud son las PCRs. Empezamos haciendo 2 y hemos terminado septiembre haciendo 50. Todo bien.

Al ser un centro grande, hay un ecosistema grande: matronas, fisioterapeutas, dentistas, el churrero de en frente, etc. Es como en Médico de familia, sólo que sin que Marcial se muera en una cuneta en Navidad. La mayor tragedia fue que me hice un esguince y la fisio me lo curó con los poderes mágicos esos que tienen. 


Y hablando del churrero, me he dado cuenta de que siempre junto a los centros de salud y los hospitales hay churrerías. Fijaos. Creo que en parte tenemos la culpa las enfermeras que cuando sacamos sangre siempre decimos las mismas frases rancias como "Esto para hacer morcillas, jeje" o "Ahora para compensar a desayunar unos churros". Siempre se ha sabido que la mejor publicidad es la que hace alguien con una bata blanca.

He aprendido muchas cosas. Como que hay padres que aspiran a que sus hijos alcancen canones de belleza marcados por los anuncios de pañales y se acomplejan porque sus bebés tienen las orejas un poco de soplillo y compran en la farmacia pegamento de orejas y turbantes con la esperanza de que esas orejas se pongan de la forma que ellos consideran estética. 

Spoiler: no hacen nada. Prueba de ello es que te lo anuncian con una misma foto de "antes" y "después" retocada.

Y lo que es peor, que los quieren operar de una abrochaorejectomía siendo bebés. También he aprendido un truqui de la Thermomix para cuando tu bebé acaba de nacer y no sabes si está sacando la suficiente leche de la teta. Sólo necesitas usar su báscula para ver si hace peso ¡En la baroma, no en las cuchillas! Y sin que esté caliente, que el neonato al vapor está correoso. Otra cosa bizarra que me pasó fue decirle a una madre que si le daba fiebre a su hijo por la vacuna, podía darle de jarabe de paracetamol 3'5 ml. La madre puso un billete de 5 euros en la mesa, hubo un silencio muy largo con cruce de miradas sin que nadie entendiera nada. Resulta que la madre entendió que le estábamos cobrando la vacuna a 3'5€... en la Seguridad Social.

Al parecer nadie en esa consulta se daba cuenta de que Lacti no era family friendly y se lo daban a los niños para colorear como si tal cosa.

Jo, me lo he pasado muy bien en este cetro de salud lleno de plantas que están al borde de cobrar vida como en La pequeña tienda de los horrores.


Pero bueno, mañana empiezo en la UCI pediátrica y neonatal y estoy también emocionada por ello. Este rotatorio es el principal motivo por el que hice la especialidad.

12.6.20

La nueva anormalidad

Hola: 

Llevaba sin escribir aquí desde antes de que viviéramos una distopía y ahora no sé bien cómo empezar. 

No me he infectado en ningún momento y nadie cercano a mí ha muerto, todo correcto.

En el trabajo todo mal, claro. Estuve en UCI de adultos un mes y medio hasta que la cosa dejó de ser una puta locura. La Nightingale me guiaba con la luz de su lámpara y me decía que si ella pudo con la Guerra de Crimea, yo podía con esto. Algún día escribiré mis memorias de enfermera. 

Así en Zarauz como en Albacete

En fin, espero que esto nos sirva para valorar lo que teníamos: un Kim Jong Un vivo. Y es que han pasado muchas cosas y ahora todo es peor que antes. Ahora la gente con más de 30 años también usa Tiktok, Pedro Sánchez niega el problema y no hace nada al respecto. Cuando quiera tomar cartas en el asunto, será demasiado tarde. 

Pero bueno, yo venía aquí a hablaros de otra cosa, de algo que realmente puede marcar un antes y un después en el curso de vuestras insulsas vidas. Resulta que hace unos meses me goberné una plancha/sandwichera/gofrera y es sin duda un electrodoméstico que estoy amortizando. La plancha junto a mis cocineros influencers me llevaron a coquetear con el pan de fajitas, también conocido con el incómodo nombre de “wrap”. Así pues, una noche en la que ya había perdido la cuenta de las semanas que llevaba sin ver a un ser querido y ya había empezado a hablar con Wilson, abrí la nevera. 


Como comprar parecía un suicidio, no tenía casi nada, sólo queso, jamón york y aceitunas negras. Juntelos con el pan de fajitas, orégano y aceite y lo metí en mi planchita.  


Me sentí como Juan Mari Arzak cuando creó el Círculo de chipirón. Yo había creado ¡EL WRAP NAPOLI! 



En mi puta vida he estado en Nápoles, pero en cuanto lo probé supe que ése era el sabor de las calles en las que se había criado Renato Carosone. Es un aporte que hago yo a la gastronomía italiana (¿a ver por qué no puede ser?). Estoy muy orgullosa de ello, esta mierda está superbuena. Se lo he dado a probar a NeoJín y su buche también lo piensa. Os invito a que salgáis de vuestra zona de confort y hagáis el wrap Napoli aunque sea en sartén. 

¡De nada!

6.9.19

El fin de la era neonatal

A lo largo de la residencia roto por distintos servicios y ahora he terminado mi primer rotatorio que ha sido en neonatos. Me voy con toda la pena del mundo de ese sitio repleto de calvas y eructitos. Ya no podré entrar cada mañana diciendo...



Y es que la unidad de neonatos es una sala llena de cunitas e incubadoras con bebés en la que ingresan los más jóvenes de un hospital a veces por infecciones, porque se ponen amarillos (manías de neonatos)... Otras veces, cuando un bebé nace prematuro y tiene que pasar por UCI, neonatos es el paso intermedio entre la UCI y su casa. 

Un problema muy común entre los neonatos es la confusión entre los términos "neonato" y "neonazi", motivo por el cual están muy sensibles con este tema, pues no son pocas las veces que, por un malentendido, uno de estos pequeñuelos ha terminado entre rejas acusado de actos violentos contra personas de otra etnia.

Una cosa que he aprendido estos meses es que si hay algo que diferencia al neonato del resto de la población, es que tienen las orejas de plastilina y cuando se duermen con la oreja plegada, se despiertan con esa forma, alarmando a padres y abuelos que piensan que se quedarán con la oreja como Shrek de por vida.

Otra característica del neonato es que está a expensas de donde le lleve la vida. Dependencia total y absoluta. Los potros nacen andando y los humanos no podemos ni tan si quiera soportar el peso de nuestra cabeza. Y es que, ¡vaya almendra!

Llevo un mes sin dormir de pensar que si me preño tendré que llevar al primer dibujo en mis entrañas

A los prematuros, como están un poco a medio hacer, como un bizcocho sacado antes de tiempo del horno, a veces se les olvida que tienen que respirar. ¡Si es que están muy liados! ¡No pueden estar en todo! Entonces el monitor pita, se ponen una miaja azules y ello causa incluso más angustia a los padres que las orejas Shrek. Para que no se les olvide respirar, se les da cafeína por boca o intravenosa. Alguna mañana de mucho trabajo he tenido la tentación de echarme un trago.



Llegan a la unidad siendo canijos, sin llegar a los 2 kilos, y como les damos leche engordante para que se pongan fanegas, en poco tiempo empiezan a echar mofletes y papada. Cuando pasas dos días sin verlos, se nota que han engordado. Creo que uno de los criterios de alta en prematuros es que tengan tres barbillas. Con eso ya pueden enfrentarse a las hostilidades del mundo exterior.

He tenido que hacer un trabajo sobre neonatos y el tema a elegir ha sido "el fenómeno de la fuentecita", ya sabéis, lo de que vas a cambiar un pañal y te mean encima. No sé por qué todo lo relacionado con los neonatos suena a risa, pero en serio, he tenido que leer muchos estudios científicos sobre la fuentecita con cientos de bebés meones implicados y tiene su miga la cosa. Al parecer se estimulan reflejos al tocarles por la vejiga y se está explotando este hecho para cuando hay que recogerles muestras de orina.

En resumen, es una unidad maravillosa. Pero no penséis que todo es fácil, cada día tienes que tomar difíciles decisiones, como si los peinas con raya o con cresta (y te tronchas con cualquiera de las opciones siempre). Y también hay emergencias (cuando a alguno se le baja la cresta, se le sale un rizo...). Hablando ya en serio la enfermedad y la incertidumbre de cómo crecerán también se deja ver, porque no todas las enfermedades son leves o se curan. Yo pensaba que ser testigo de las miserias de mucha gente me pondría los pies en la tierra, pero tristemente el humano no funciona así y la concienciación te dura unos minutos en los que valoras las cosas que tienes, pero al mirar para otro lado, seguimos lamentándonos de los problemas cotidianos. ¡Ay, pero qué graciosos están con cresta!

Han pasado 3 meses y, cuando me paro a pensarlo, sigo sin creerme que esté haciendo la especialidad. No hay mucha gente que tenga el lujo de poder ganarse la vida con lo que más le gusta y después de tantos años de contratos de como mucho 3 meses y como poco 1 día en ciudades distintas, donde no me daba tiempo a enterarme de cómo funcionaba nada, después de tantos meses estudiando... me parece que esto no es real. Se me ha pasado lo que llevo volando entre lo bien que me lo paso y el poco tiempo que tengo entre cursos, el rotatorio por las mañanas, las guardias por las tardes y fines de semana, trabajos... Un poco agotador e infraremunerado, también te digo, pero en general muy guay. Ahora tengo 15 días de vacaciones. Las segundas vacaciones de mi vida, pero las primeras me las pasé estudiando, así es que estas son las primeras vacaciones que voy a disfrutar. ¡Oh, sí, venid a mí! 😎

8.8.19

El sueño catalán (esperemos que la definitiva)

Por fin se ha hecho realidad el sueño de mi vida, uno de los principales motivos por los que tirar a la basura dos años estudiando: poder independizarme. Que no es que me peguen mis padres, pero una ya tiene una edad y está hasta el coño de vivir como una adolescente. Quiero poder disfrutar de los pequeños placeres de la vida, como tener sexo en la cocina, cambiarme la copa menstrual con la puerta abierta o desayunar lentejas sin que nadie me juzgue.

Tras ver unas cuantas casas tuve un flechazo con una de ellas. Localización óptima y más luz que todo Instagram. Antes veía las tetas de mi vecina Van Bragas y ahora veo esto.



A los pocos días empezó la mudanza. Parece mentira que con las mudanzas que llevo (creo que esta es la 17°) y con lo poco de acumular que creo que soy, siempre me sorprenda la cantidad de cosas que tengo. ¡Qué espanto! ¡Cómo odio mudarme!

Cuando vi el primer día la cocina no parecía tan sucia... la cosa cambió al abrir cajones, armarios, la campana... esa cocina parecía las de los programas de Chicote. Hasta la fecha, la grasa que yo había manejado se podía gestionar con el milagro antigrasa, pero esto era serious business. Utilicé el KH7, pero necesitaba algo aún más potente, algo que nunca antes había utilizado, algo sólo manejable por científicos especializados en armas químicas y señoras mayores: el amoniaco. Vestida como cuando trabajaba en el quirófano con guantes, mascarillas y bata me dispuse a usar semejante producto contra esa cocina forrada con un engrudo formado por el matrimonio entre la grasa y el polvo. ¡Y esa mierda funcionó!

Como la casa apestaba a amoniaco, tenía las ventanas siempre abiertas y en una de esas entró esto.



Me puse en lo peor, pensé que era una cucaracha. Fui a por el Matón mientras me iba haciendo terapia psicológica "¡No pasa nada, tú le puedes, eres más grande y llevas botas de bailar ska!". Finalmente, era una repugnante tijereta. ¿Alguien de aquí les llama cortachuchas? Es que no sé si es acuñado por mi familia o es un concepto que existe.

Como me he independizado, no tengo quien me mate las tijeretas que fingen ser cucarachas y tengo miedo a los bichos de la noche, me he visto en la obligación de poner mosquiteras. El mundo de las mosquiteras es más intrincado de lo que a priori puede parecer, sobre todo si estás de alquiler, no vives en un bajo y tienes ventanas correderas. Hay dos opciones, la cara que funciona y la barata que más bien no... Por supuesto elegí las baratas, que son de velcro. Tras invertir NeoJín y yo muchas horas de minucioso trabajo de medir, cortar y pegar, alternando con momentos de jugar a que estábamos en Maestros de la costura y teníamos que confeccionar un velo para la boda de la infanta Leonor, conseguimos unas mosquiteras que a veces se despegan porque el pegamento con el que el velcro debe adherirse a la ventana no pega una mierda (puto Leroy Merlin). Eso sí, las mosquiteras fueron amortizadas la primera noche.

"¡NO! ¡PUEDES! ¡PASAR!"

También tuvieron cabida los accidentes durante esta mudanza. ¿Sabíais que el 100% de los accidentes domésticos ocurren en el hogar? Pues esta estadística se cumplió cuando estaba dejando unas cosas en la parte baja de la nevera y al levantarme, no me di cuenta de que me había dejado abierta la puerta de un armario. Me casqué una hostia impresionante y empecé a sangrar. Llamé corriendo a mi hermana pensando que tendría que ir a que me graparan la cabeza y vino altamente pensando que se encontraría a Carrie, pero cuando llegó, ya casi no sangraba y quedé de dramática. Después de ver la muerte de cerca, me quedé con ganas de más y me caí de la bici. Me he dado cuenta de que la vida de la opositora podía ser una mierda, pero era segura. Sentada todo el día en mi escritorio no había peligros. Vamos, es que como no veía a nadie, ni me duchaba, reduciéndose las potenciales caídas en la ducha. He batido todos los récords higiénicos de la humanidad y ahora mi pelo aguanta limpio días sin engrasarse. No hay que lavarse tanto el pelo, es un truqui de belleza que compartimos los homeless y los nerds. ¿Por qué estoy haciendo público esto? No lo sé, pero continuo contando las gilipolleces que me han ido pasando en este periodo de transición.

Entre los muchos sueños de mi vida que estoy cumpliendo ¡tengo un telefonillo con cámara! Por si eso no era suficientemente guay, NeoJín y yo hemos hecho un hallazgo maravilloso. ¡¡El portero automático hace una foto a los 5 segundos de que alguien llame!! Cuando lo descubrimos nos abrazamos emocionados con los ojos vidriosos y empezamos a ver la galería y a especular sobre la vida del último inquilino/a. Vimos a muchos señores mayores, lo que lógicamente nos llevó a pensar que tenía una clara atracción sexual hacia este sector de la población. Aunque al parecer tuvo algún pretendiente más joven.



Tras toda esa gente anónima empezaron las caras conocidas, todas las visitas que había tenido esas semanas. Fue muy emotivo recordar momentos memorables, como la visita de mis seres queridos, repartidores y el técnico que me instaló internet. Ahora cometo actos de vanidad llamando a mi propia casa y posando. Cuando deje la casa puedo dejar fotos del anillo de The Ring y de mí haciendo de Samara. O fotos en bolas. Algo hay que hacer para dejarle algo sobre lo que especular al siguiente inquilino.

También he realizado mi primera visita (y esperemos que no la última) al Ikea de la basura. La gente tira cosas que están más limpias que mi cocina cuando llegué. Y me viene muy bien porque a penas tengo muebles para guardar cosas. Pero pese a que tengo pocos muebles, me paso los días jugando a los Sims cambiándolos de sitio. Ya habréis deducido que si cojo los muebles de la basura y tengo mosquiteras de velcro, todavía no he encontrado dónde se mete el Klapaucius.

Paralelamente a la mudanza, he empezado la residencia y, como esperaba, soy la más vieja. Lo bueno es que como me conservo en café, paso desapercibida. Lo malo es que el ambiente es aún más jaranoso del que ya de por sí esperaba.

Yo que veía a los MIR siempre tan formales, tan aplicados, los respetaba tanto cuando me pautaban un tratamiento y a la misma vez me daban mucha pena algunos R1 recién aterrizados cuando los veía tan pardillos porque eran nuevos. Ahora que he descubierto que tienen dos caras y que al salir del hospital viven en American Pie, se me ha caído el mito. Y claro, en medio de ese ambiente hormonado y alcoholizado de Física o Química, estoy yo sin saber qué decir ni a dónde mirar, que ya mi Erasmus con 21 años fue el Erasmus más soso de la historia, ahora que ya limpio con amoniaco y repaso las juntas del suelo de la cocina, ni te cuento. Estoy ya en 3 grupos de Whatsapp y el emoticono de las cervezas es el que más se usa. Yo hago por no ser una aguafiestas e integrarme, pero claro, todo tiene un límite y no quiero acabar así.


La residencia me está encantando, pese a que tengo que echar más horas de lo que debería de ser legal y que de vez en cuando alguien te dice "La especialidad que estás haciendo no vale para nada". Pero estoy aprendiendo todo lo que siempre quise saber y nadie me explicó y yo con eso soy muy feliz. Y, con permiso de los abuelitos, tengo los mejores pacientes que existen .

27.4.19

R0

Hoy vengo a contaros uno de los mejores días de mi vida. 

Por fin llegó el día que tanto tiempo llevaba esperando,

el que tanto esfuerzo ha costado,

por fin Isabel Pantoja saltó del helicóptero de Supervivientes. 

...y bueno… también, fui a elegir plaza para hacer la residencia al Ministerio de Sanidad en Madrid. Pude ver a la que quedó primera de 12.000 personas en ese examen tan difícil. Tenía mucha intriga, ¿qué clase de monstruo sería? Para mi sorpresa parecía una muchacha normal. Como estaba en el primer turno de los cuatro que había para elegir, fue todo mágico, porque que casi todos elegimos lo que quisimos donde quisimos, la gente lloraba de emoción, fue genial. Y menos mal, porque en el último turno la gente también llora pero no de emoción, porque ya sólo van quedando las oportunidades de El Corte Inglés y nadie quiere irse a Ceuta a hacer enfermería del trabajo.

Sentí que estábamos en la gala de los Goya, una mujer muy graciosa retransmitía el acto, vinieron las televisiones a grabarnos y yo me creí la Penélope Cruz de La Mancha. 


En mi mente, el día del Ministerio debía ser como en Harry Potter el día del Sombrero Seleccionador, pero quizás con una Cofia Seleccionadora.



Los enfermeros tenemos 6 casas: 
Matrona, es Gryffindor a todas luces. La más antigua y prestigiosa. Traen a niños al mundo, creo que no hay que decir mucho más. Es la única que, a día de hoy, es obligatorio tener la especialidad para ejercer. Suele ser la única que la gente que no es enfermera sabe que existe. Es la que más plazas saca y aún así es la que antes se agota todos los años. La pena es que hay gente a la que no le gusta y la hace sólo porque ven el yate, la coca y las putas, porque las matronas cobran más y tienen más trabajo y otra gente con vocación se queda sin plaza. Pero bueno, el juego es así, quien saca mejor nota elige primero. 
Pediatría. Ha sido la segunda en acabarse este año, pero en eso ha influido que es de las que menos plazas salen. Mi impresión el día de la elección es que nadie la quería, supongo que a nadie le gusta ver a niños enfermos. Incluso si a mí me dicen nada más acabar la carrera que iba a hacer pediatría me habría quedado muerta, porque tenía  auténtico pánico. Pero el verme obligada a trabajar con niños me ha hecho que se me quite un poco el miedo y poder disfrutar mucho de ellos, aunque estén malitos. Por lo que estoy viendo esta especialidad la coge mucha gente a la que no le ha dado la nota para matrona, aunque no veo que tenga mucho que ver una con la otra.
Enfermería del trabajo, para trabajar en empresas haciendo reconocimientos, mutuas… salen sólo 18 plazas, pero tampoco suele triunfar mucho. Este año se ha agotado la tercera. 
Enfermería Familiar y Comunitaria (enfermera de centro de salud, para entendernos). Llegó hace poco, pero viene pisando muy fuerte, es la segunda más anhelada, después de matrona, pero como junto con matrona es de las que más plazas salen, se ha agotado la cuarta. 
Geriatría. No es muy deseada, no sé bien por qué, porque a mí me gusta. Se ha acabado la penúltima a pesar de que eran 20 plazas. Podemos decir que ésta es Hufflepuff. 
Salud Mental, una especialidad bastante antigua, pero no muy deseada (igual porque a veces te vas calentito a casa), eso sumado a que salen bastantes plazas en comparación con las demás, ha hecho que se haya agotado la última. Puede que sea Slytherin.

Para entrar a ponerte la Cofia Seleccionadora tienes que entrar solo y yo pensaba que mamá zombi, que se vino conmigo, se iba a ir al Prado tal y como me dijo, pero ella al ver el ambiente fuera del Ministerio se quedó y creó vínculos superfuertes con padres, abuelos y novios que nos esperaban en la puerta. Se enteró de las historias personales de todos y cada uno, rieron, lloraron… estuvieron a nada de hacer un grupo de Whatsapp. Mientras, iban mirando en la web del Ministerio las plazas que íbamos cogiendo. Yo era ajena a todo aquel tinglado y cuando elegí la plaza y me dijeron dónde estaba la salida, aparecí en la calle con dos hileras de personas a ambos lados de la puerta que me aplaudían y vitoreaban, sólo faltaba que gritaran “¡¡RESI-DEN-TE!! ¡¡RESI-DEN-TE!!”. 



Entonces vi a mi madre venir corriendo a abrazarme desde el fondo de esa alfombra roja imaginaria, momento en el que vi que una señora estaba grabando tal escena con el móvil rosa de mi madre. Yo ahí quería llorar, pero ahora era de vergüenza. Gente que no conocía me felicitaba, un muchacho me dijo que si podía hacerme una entrevista mientras que me daba una chapa donde ponía “Soy R1”. Aquello era muy surrealista, nadie me había preparado para la fama, vamos, es que hasta ese momento nadie me había preparado ni para que alguien supiera lo que era el EIR. Antes de que se me subiera aún más la fama a la cabeza y terminara cayendo en una espiral de drogas y sexo sin control, nos fuimos del Ministerio y dedicamos lo que restaba del día a ir comiendo y bebiendo de terraza en terraza, a hacernos selfies con los monumentos como si fueramos una madre y una hija modélicas y hasta echamos un cupón del día de la madre. Esa tarde volvimos a Albacete y para terminar de redondear el día, NeoJín y yo vimos la primera gala de Supervivientes con un recuperado Jorge Javier mientras cenábamos pizza. Sinceramente digo que fue uno de los mejores días de mi vida. 


A finales de mayo empiezo la residencia, mientras tanto seguiré en la UCI que me ha visto crecer durante este año y medio. La voy a echar de menos. Ahora estoy descubriendo el casting de las que van a ser mis compañeras estos dos años ¡qué emoción! Yo seré, como siempre, la rara que no habla con nadie. Además, ahora es muy probable que además de ese rol, tenga el de vieja pelleja, porque la mayoría se preparan el EIR cuando acaban la carrera, tienen mucho tiempo para estudiar porque no tienen trabajo y la residencia, además de para aprender, es la última oportunidad de irse por ahí a otra ciudad un poco en plan Erasmus y si yo ya en mi Erasmus con 20 años era como una abuela, ahora soy una tatarabuela. Voy a llegar yo ahí sin Instagram y voy a hacer el ridículo. Pero bueno, pese a saber que voy a ser la friki inadaptada y entrada en años, estoy en ese dulce momento en el que anticipas algo bueno que aún no ha llegado, como antes de irte de viaje o en la noche de Reyes. Si es que aún no me creo que esto haya pasado. En los próximos dos años voy a dedicarme a aprender y a trabajar en algo que me gusta y no por las malas como siempre, que llegas a un sitio nueva, no tienes ni idea y lo pasas fatal. Además voy a tener un sueldo, que aunque no da para mucho ya es más que lo que ganaba con el tercio de jornada que tenía. 

Voy a tener vacaciones pagadas 

¡y pagas extra! 

¡¡y los días gordos de Navidad libres!!

¡¡¡y durmiendo en mi cama todas las noches, porque no hacemos noches!!!

¡¡¡¡Como una ministra voy a vivir!!!! 


Igual luego no es todo tan idílico como yo lo veo, pero voy a fliparme un poco y a disfrutar de este momento.

3.4.19

EIR 2019

Bueno, a ver, ¿por dónde empiezo? 

Lo primero de todo, ¿sabéis lo que es el EIR? La gente normalmente conoce el MIR, ese examen que sale todos los años en las noticias en el que miles de médicos se examinan para ver qué especialidad escogen, donde, para mi sorpresa, una de las más demandadas es dermatología (cada día en la vida de un dermatólogo debe de ser una nueva aventura). Bueno, pues ese mismo día, aunque nunca lo mencionen en las noticias, hacen un examen otras profesiones relacionadas con la sanidad para optar a hacer la residencia y especializarse:
💊Los farmacéuticos hacen el FIR
🔬Los biólogos el BIR
😵Los psicólogos el PIR
💥Los químicos el QIR
❓Los radiofísicos (que estos ya no es que no salgan en las noticias, es que nadie sabe que existen) hacen el KÉFIR RFIR.
 Y bueno, con eso creo que ya se contesta la pregunta: 💉los enfermeros hacemos el EIR. 


Estos últimos años me he presentado ya que estaba estudiando para oposiciones. No sé cómo serán el resto de exámenes para optar a residencia, pero el EIR es un examen muy difícil. Partimos de que, a diferencia de en las oposiciones, no hay un guión con los temas que te pueden preguntar. Traducción: te pueden preguntar lo primero que se les venga a la cabeza, aunque no tenga nada que ver con la enfermería, como los dB que emite helicóptero (ha pasado). Siempre es difícil y sabes a lo que vas, pero pese a todo, este año no lo sabíamos. Ha sido el más trol de la historia con diferencia. Tras las últimas semanas de empacho a estudiar, después de ese examen infumable que nos pusieron y pasadas las 5 horas que dura, por fin se había acabado la pesadilla y podía ir en paz. Bajé las escaleras, que parecía Ortega Lara el día que lo liberaron, y me dirigí hacia la puerta de la facultad, pero,  ¡oh, cruel destino! había algo que me impedía salir: un centenar de familiares hacían tapón tras las puertas apegotonados con pancartas y globos de celebración en plan “Hoy me reencuentro con mi querida hija después de un año”. Si hubiera tenido un lanzallamas, este año sí se habría hablado del EIR en las noticias.



Tras hacer el examen, los días se me hicieron eternos esperando a que saliera el puesto en el que me había quedado. El año pasado la espera fue menor gracias a Forocoches que filtró los listados, pero este año nos han fallado y hemos tenido que esperar a la fecha estipulada. 

Básicamente éste ha sido el peor y el mejor examen que he hecho desde que empecé a estudiar hace ya como dos años. Salí asumiendo que no había nada que hacer tras ese examen tan surrealista y no iba desencaminada, ni si quiera aprobé y, paradójicamente, ha sido en el que mejor puesto me he quedado. Vamos, que a mí me fue mal, pero al resto les fue peor y en esto, como en las redes sociales, lo que importa no es que a ti te vaya bien, sino que te vaya mejor que al resto. Así es que, después de ese examen del que estuve tentada a salirme sin terminarlo porque no le veía sentido  a pasarme 5 horas ahí encerrada para no sacar nada en claro, este año opto a una plaza. Yo creo que esto ha sido obra de la numerología. Mi número favorito es el 2, el examen fue el 2 del 2 (que como todos sabéis, es el cumpleaños de Shakira y Piqué) y mi aula era la 2.2. Está clarísimo, nada ha tenido que ver el haber estudiado como una cabrona.

Waka, waka, eh, eh
En unas semanas se nos convoca en Madrid a los 1.000 que hemos pasado el corte para elegir y espero poder elegir pediatría en Albacete. Deseadme suerte.

24.1.19

La humanidad no estaba preparada para esto


Recuerdo cuando a principios de esta década me dijo un amigo que si tenías un móvil moderno podías mandar SMS gratis. “Cuéntame más sobre eso a lo que llamas Guasap”. En realidad creo que no entendí nada, pero me pareció fascinante la idea.

Pasado un tiempo yo también tuve un móvil moderno y pude conocer de primera mano el famoso Whatsapp. Aquello que pensé que sería bueno, resultó ser como vivir en Messenger, con muchísimos más contactos y sin la posibilidad de ser un fantasma en “No conectado”. La puta pesadilla la llevabas todo el día en tu bolsillo. Ya no sólo es que te escribiera gente que ni fu ni fa, es que te escribía gente que ni fu ni fa para cosas que ni fu ni fa.

Por si eso era poco, existían los grupos. Supongo que si tienes amigos (y no tienes al Homy mandándote memes sin cesar) pues igual es hasta divertido o si quieres comentar Gran Hermano VIP Dúo con gente, yo que sé, cosas bien. Pero los grupos se crean con cualquier excusa, cualquier mínimo vínculo que puedas tener con más de una persona, ¡ya tienes el grupo! Y yo he terminado en cada grupo que si os contara habría aquí blog pa rato. Con los amigos hay confianza para decir “Mira, no aguanto los grupos, me salgo”, pero cuando es con gente con la que no hay confianza, a mí me da vergüenza decir “Hasta nunqui”. Además, como soy enfermera sustituta, en cada servicio hay un grupo en el que me meten y del que el último día de contrato salgo despavorida. 



Supuestamente es para cosas de cambios de turno, si alguien se ha dejado algo en los vestuarios, reuniones… yo que sé, cosas relativamente importantes, pero salvo en uno que la supervisora era una sargenta y como te salieras de lo estrictamente laboral, te mandaba un privado laxante, los demás sólo van de chistes superrancios, felicitaciones de cumpleaños y pésames. Y es superheavy ver cómo esa gente intercala lo primero con lo último con minutos de diferencia (os lo juro). Finalmente, el grupo no sirve para nada, porque tu “¿Alguien puede hacerme la noche del lunes 22?” se desvanece en dicha marea de memes y emojis llorando de la risa. Y es que esto alguien lo tenía que decir: A la gente de más de 50 años no se le debería autorizar a usar smartphones sin supervisión. Son los que hacen un uso más terrorífico de Facebook, Whatsapp y el Candy Crush. 



Todo esto con el sonido a todo lo que dé, aunque estén en un sitio en el que está completamente fuera de lugar que suenen notificaciones y, menos aún, vídeos. Que otra cosa, para ellos todo lo que se pueda notificar, bienvenido sea y si es con un sonido estridente, mejor. Sí, ellos son los mismos que al principio decían “La gente joven está todo el día con el móvil, se van a quedar tontos” y, en un plot twist, han resultado siendo los que han desarrollado una conducta más aterradora y adictiva con el mismo. Yo pensaba que, bueno, ellos estaban viviendo en el internet del año 2000 ahora y que también tenían derecho a mandar chistes malos, paisajes exóticos y advertencias alarmistas de peligros inexistentes, pero les está durando mucho ya la broma. ¿Vosotros recordáis si los millennials nos mandábamos una imagen que decía “Feliz miércoles”? Yo creo que a esos niveles de absurdez no llegábamos. Yo que sé, el típico “Van a cerrar Hotmail si no reenvías este email”, ¡pero “Feliz miércoles”, joder! Ya me parece grave felicitarse el año nuevo, como para estar felicitándonos los 7 días de la semana. Que encima en esta década existe Mr Wonderful y algo aún peor (sí, se puede), unos manchegos de Albacete hechos con la aplicación que hacía tu avatar si fueras una Supernena, lo cual ha terminado resultando en algo que se parece a la manchega del Abycine, pero en muy mal.  Si ya se me desprenden las retinas al tener que ver imágenes de Mr Wonderful, los manchegos encima copian sus frases, filosofía de vida y tipografía pero intercalando expresiones de aquí. Muy natural mezclar lo cursi con las toscas expresiones manchegas. 

No se dejan ningún evento sin comentar

Con la perspectiva que dan los años, ahora me doy cuenta de que nunca valoré el que los SMS costasen unos céntimos. Era una criba muy eficaz para evitar información innecesaria.

7.10.17

Lina Morgue

Lo que os voy a narrar es una historia tan breve como real.

Todo ocurrió mientras buscaba en el hospital el servicio de informática para que me dieran claves para el ordenador, lo que vienen siendo el día a día de la enfermera sustituta. Ese servicio en un hospital es al más puro estilo IT Crowd. Mismo aspecto de sus empleados, misma decoración, misma ubicación. Suele estar en el sótano, a veces dentro de un búnker (real) porque tienen cosas privadas (como una cosa que parece primer ordenador de la historia, con lucecitas y cables que creo que hay información de historias clínicas. Me lo he inventado, pero algo muy serio se guisa dentro de esa máquina seguro). Pues no me preguntéis cómo, pero después de dar muchas vueltas y encontrarme mil servicios que ni sabía que podían existir en un hospital, me encuentro de frente con las típicas cámaras frigoríficas de cadáveres que salen en las películas tal que así:


Que si ya me quedé petrificada al ver eso, mi cara se descompuso del todo al leer tres carteles en tres puertas que rezaban "Fetos", "Miembros" e "Investigación".

A lo que se me vienen dos preguntas:

1, ¿Cómo coño pude acabar ahí buscando a el servicio de informática?
2, ¿Por qué cojones tienen eso ahí tan a la vista en medio de la nada?

31.5.17

Invierno y primavera guays

Otro contrato acabado. Otra casa y otra ciudad dejada.

He terminado mi contrato más largo junto con el que tuve en la clínica de los horrores: 6 meses y medio. He sido tan feliz en esa casita pequeña, silenciosa y perfecta para mí.

¿Quién tiene un sofá-cama y elige sofá? Cuando me entraba sueño hacía la croqueta y ya estaba en la cama.




Alcázar es una ciudad pequeña (o un pueblo grande) muy tranquilo que me encanta. Tiene de todo y lo tiene cerca: un hospital relativamente grande, una estación de tren importante, un Burger King, un parque muy guay, molinos y cigüeñas ¿quién necesita más?








En la planta también he estado muy bien. Bueno, al principio no, al principio una mierda como siempre que llegas nueva a un sitio, pero al estar “tanto” tiempo ha sido de las pocas veces que medio puedo decir que me he adaptado, me sentaba a hablar con mis compañeras y todo y no era por fingir que me interesaban sus conversaciones y no ser la rara que nunca habla. De hecho vino gente nueva y eran ellas las que me decían a mí “¿Dónde están las agujas?” y yo les respondía to chula “Ahí”, sabiéndome superior. Eso de ascender de “nueva” a “nueva-vieja” tiene su cosa.



Por primera vez en 7 años estoy estudiando más o menos seriamente, dentro de lo que las circunstancias lo permiten. Eso ha sonado a que no lo estoy haciendo del todo y… bueno… ha sonado a lo que es. Es para una oposición fantasmagórica cargada de leyendas urbanas que dicen que va a haber Castilla La Mancha pero que ni se ha convocado, sólo ha salido el temario que va a entrar. El estar en Alcázar sin internet, mi principal malgastador de tiempo, ha hecho posible que coja una cierta costumbre de estudiar y parece que en las dos semanas que llevo en Albacete no estoy sintiendo la tentación de mirar los memes de moda. Tengo miedo de una recaída a la adicción más común y socialmente aceptada de nuestros tiempos (este dato me lo he inventado, pero igual me entra en la oposición). La Calabaza me dejó en herencia sus libros de enfermería cuando se convirtió en el Teniente Calabaza y a veces los uso y tienen restos de un Fosquito fósil que se comió en 2010 y algún pelo naranja. Es lo más emocionante que puedo decir de la vida del opositor. 

Empiezo otro contrato en julio en Villarrobledo, así es que este mes podemos decir que son mis vacaciones, aunque estoy más cansada que cuando trabajaba porque estoy ejerciendo de tita que están aquí mis Pinchis. Mi Pinchi tiene ya dos años y hace cosas que te tronchas propias de la edad como gritar "¡ASCENSOR!" cuando le digo que llame al ascensor, secarse la lengua cuando le digo que se seque la boca o amamantar a su muñeco a través de su ombligo. Si alguien ha percibido que últimamente sólo escucho en Spotify a los Cantajuegos ése es el por qué.

Y mi chico, el hombre de la casa, tiene 3 meses y cada vez que lo miramos tenemos la eterna sensación de que es más bonico que la última vez que lo miramos. Mi padre dice que tiene buen talante y yo no puedo decir lo contrario.

11.1.17

Invierno en Alcázar de San Juan

Desde la última vez que nos vimos el resumen es éste:

A principios de noviembre NeoJín y yo fuimos a la que va a terminar siendo nuestra ciudad fetiche.




...con la excusa de...


Teniendo la poca vergüenza de ir sin ni si quiera haber hecho clic en el pdf del temario. Y es que todos sabemos que el verdadero motivo del viaje fue:




Tenéis que entender que en Albacete sólo habíamos cazado de agua a un Omanyte en la fuente del parque Lineal y, en cambio, junto al Tormes había una orgía de Poliwhirls, Goldeens y Staryus. Esto era muy necesario.

El lunes de la última semana de noviembre me puse a estudiar como una cabrona para dejar de ir a echar la primitiva cuando voy a oposiciones, pero el martes, en un giro inesperado de los acontecimientos, sonó mi móvil con un número largo y ya no volví a estudiar. Me llamaron para hacer guardias en centros de salud de la provincia de Cuenca. Hice un viaje a la Alcarria, otro a la Serranía de Cuenca...

Vi salir el sol entre la niebla

Sin encambio, un día a mediados de diciembre me llamaron del hospital de Alcázar de San Juan para darme un contrato más largo y como buena mercenaria allá que me fui.



Es el contrato más largo que nunca me han dado en la bendita Seguridad Social fuera del verano: 3 meses, ¡puede que hasta 4! Estoy muy contenta. Además hacía ya dos años que no trabajaba en una planta y es algo que también me gusta mucho. En urgencias, los pacientes y sus familiares van pasando, pero en la planta se quedan y ves su evolución y con algunos creas ahí un vínculo místico. Todo esto funciona tanto para bien como para mal, porque cuando te toca alguien que no te gusta te lo comes con patatas turno tras turno. Algo de suma relevancia es que por primera vez en mi vida me han dado una taquilla. Ya no soy una paria que tiene su ropa en una percha que se ha traído de casa en el baño de personal. Soy una persona con un metro cúbico para su goce y disfrute en donde poner fotos de jamonas como Kelly Kapowski en traje de baño. Alcázar es un sitio que siempre me ha gustado: tranquilo y cómodo para vivir. Además, la Calabaza vive en Alcázar, ¡podemos decir que tengo un amigo! Vivo en un miniapartamento muy cuco de dos habitaciones: una es el baño y otra es todo lo demás. Creo que es la casa número 16 por la que paso en 8 años. Tiene un techo abuardillado con el que me doy una media de cinco hostias al día (los techos abuardillados son la puta mierda). Puede que algún día muera de un traumatismo craneoencefálico y me descubran los vecinos cuatro días después por el olor putrefacto. No tengo internet, es como si viniera del siglo XIX. Entre eso y que me he deshecho de casi todo lo que no cabe en mis dos maletas porque estoy hasta los huevos de mudarme, estoy a nada de hacerme Amish.

Los Amish no celebramos la Navidad, así es que he trabajado todas las fiestas de guardar. Ningún año había hecho pleno, pero no pasa nada, los abuelitos de la planta me han dado su amor.

Y creo que no tengo mucho más que contar.

¡Disfrutad del invierno, que dura muy poco, insensatos!