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10.10.25

La vida es una tómbola, ton ton tongo

No soy muy fan de la Feria de Albacete (opinión impopular), pero hay una cosa de la Feria que sí me gusta:

Deseandico estoy cada año de que abra sus puertas. Llamadlo nostalgia, llamadlo ilusión, llamadlo un leve problema con los juegos de azar…

Reconozco que, si NeoJín no me frenara, podría dejarme cuantiosas sumas de dinero, pero es que no tiene precio ese maravilloso instante mientras que abres el boleto y todavía tienes fe en que te tocará un premio increíble. Y sí, es probable que sea un poquito ludópata, pero la tómbola también tiene su culpa, porque muy solidarios, sí, pero son unos tunos de mucho cuidao y lo tienen todo estudiado para engancharte:

  • Juegan con tu psique para que, en vez de sentir que estás dilapidando tu fortuna a cambio de una lata de mejillones, pienses que estás ayudando a los más desfavorecidos de tu comunidad.
  • Te hacen creer que siempre te está tocando algo, porque los boletos que no llevan premio son participaciones para sorteos de regalos gordos (un coche, un viaje a Nueva York, una camiseta del Albacete Balompié…). Esta ciudad es relativamente pequeña, todos nos conocemos y he oído de albaceteños a los que les ha tocado la lotería, ahora bien, no he oído en mi puta vida que a nadie le haya tocado ninguno de los premios tochos de la tómbola.
  • Otra triquiñuela que hacen es que cada año se jactan de que hay más premios y papeletas que el anterior y (según ellos) por eso hay más posibilidades de que te toque premio. Yo, que soy perra vieja, lo he calculado y el porcentaje de boletos con premio permanece inmutable cada año. Concretamente, hablamos de que el 23% de todas las papeletas tiene premio directo.
  • También está la argucia de que te pueden salir letras con las que, si consigues la palabra “Cáritas”, te dan un "premio premium" que, además, lo puedes elegir de una lista. Así es que, cuando tienes la palabra a mitad, sientes la necesidad de seguir comprando para completarla porque si no, el dinero gastado habrá sido dinero tirado. Pero, como no dan puntada sin hilo, siempre hay una letra que aparece poquísimo.
  • Además, cuantas más papeletas compres juntas, más barata te sale la unidad con la trampa psicológica que eso supone.

Conclusión: Cáritas = Sportium.

🤑

NeoJín trata de disuadirme diciendo que siempre sales perdiendo, pero yo no estoy de acuerdo. 

Tras duras negociaciones con mi tutor legal, mi presupuesto anual en la tómbola se fijó en 25 euros con los que me pude comprar 35 boletos. De entre estos, me tocaron, tal y como las estadísticas auguraban, 6 premios directos, los cuales yo tasé en 8 euros.


Además, me salieron 5 de las 7 letras de la palabra “Cáritas” ¡y una de ellas era la difícil! 


Estudié la lista y llegué a la conclusión de que lo más caro era un juego de cuchillacos Arcos que, no encontré el precio exacto, pero de 40 euros no bajaba. Así es que estaba atrapada: sin presupuesto para seguir jugando, pero sin querer asumir la derrota de perder el “premio premium” y la razón en mi argumento de que... 

Solución: ¿Compramos más boletos? ¡Por supuesto que no! ¡Somos unas ratas almizcleras! Recurrimos al clásico truco del pícaro albaceteño que rebusca amagao entre los boletos del suelo como un cerdo trufero. La voluntaria de la tómbola nos miró raro al entregar 5 boletos impolutos y 2 medio comíos, pero nada importaba ya, lejos quedaban nuestras disputas sobre la tómbola, porque nos volvíamos a casa con nuestro juego de cuchillos y esa sonrisa de enamorados de saber que estábamos con la sanguijuela adecuada.

Final feliz

31.3.24

Casada con un pizzaiolo

Desde hace unos meses NeoJín ha caído en las garras de una obsesión: ⭐la creación de la pizza perfecta⭐. Yo, por supuesto, no quiero truncar sus sueños, faltaría más.

Todo empezó al venirnos a vivir a Úbeda, justo encima de una pizzería que emana deliciosos vapores que se cuelan por la rejilla de ventilación de nuestro baño y embriagan toda la casa, causándonos antojo de pizza 2 veces al día -¿Llegará a la pizzería el olor de nuestro baño?-. Además, NeoJín quedó marcado por un duro pasado sin horno que le provocó severas secuelas que se están manifestando en este hogar provisto de horno. Esto lo llevó a documentarse sobre cómo perfeccionar este arte culinario. Ahora se pasa los días habándome de técnicas que escapan a mi entendimiento, como "la bofetada napolitana”, "la gasificación de la masa" o "el leopardado". Tiene una extraña y compleja fórmula donde las variables son la humedad, los gramos de harina y levadura, la temperatura... Sigue al pie de la letra todo lo que le dice el canal de Gluten Morguen y, por si esto fuera poco, antes de hornearlas, realiza un extraño ritual vudú que consiste en soplarle a la pizza por debajo. Yo finjo que todo me parece normal.

Sin embargo, a pesar de mi escepticismo inicial, debo reconocer que ha habido una clara evolución en la calidad de las pizzas. Crujientes por fuera, esponjosas por dentro, con un borde delicadamente inflado (la gasificación parece que era la clave). Incluso he fomentado esta adicción regalándole una pala para meter y sacar las pizzas del horno y una piedra volcánica, que garantiza el auténtico sabor a horno de piedra.

Tiembla Marquinetti

Pero a pesar de los resultados áureos obtenidos, nunca acaba completamente satisfecho y continua incansable buscando la perfección viendo nuevos videos de "Consejos para mejorar tus pizzas" mientras caga. Yo seguiré fingiendo que me sacrifico comiéndome sus pizzas cada semana.

15.3.24

La vida del sommelier de AOVE

Quien haya leído entradas anteriores de este blog ya sabrá que he terminado en actividades de lo más surrealistas a causa de su carácter gratuito. Por este motivo ayer arrastré a NeoJín a nuestra última azaña: una cata de aceites superpremium de esta tierra de olivos que es Úbeda.

Nos hicieron pasar a una sala donde había una mesa de juntas muy grande, de esas en las que en las películas los trabajadores de las empresas tienen ideas muy raras que catapultarán al negocio al éxito o les buscarán la ruina. Estoy segura de que ahí se han tramado planes para dominar el mundo… o al menos para subir el precio del aceite. 

Lo primero que nos dijeron es que una cata no era una degustación y que no nos íbamos a dar un festín. Primera desilusión del día. Luego nos explicaron muchas cosas sobre el aceite y cómo debíamos catarlo.

Hay distintas fases:

  • La primera era olerlo. Cuando nos preguntaron que a qué olía la gente decía sabores dispares “¡A alcachofa!”, “¡A plátano macho!” y los instructores “¡¡¡CORRECTO!!!”. Yo flipaba. Eso sólo olía a aceite.
  • Luego había que enjuagarse con él como si fuera Listerine y coger aire por la boca haciendo sonidos obscenos.
  • Después, había que tragárselo para notar otros sabores distintos. En este punto NeoJín estaba convencido de que, tras un rato, alguien de esa habitación moriría súbitamente y el resto tendríamos que descubrir quién lo había matado.
  • El siguiente paso era a los 10 segundos de tragárselo, cuando la gente se ponía sincrónicamente a toser (es lo que tiene echarse un lingotazo de aceite a palo seco).

La gente notaba sabores completamente diferentes entre unos y otros (o eso decían). Yo sólo noté que uno estaba más amargo.

Nos dijeron que sólo había que beber un traguito, pero, ¿quién era el tonto que se dejaba ahí ese oro líquido que nos habían dicho que era carísimo y que tenía propiedades que nos haría inmortales? Nos abocicamos a los vasitos como si no hubiera un mañana. No lo intenten en casa. 

Sin embargo, hubo un secreto que estos eruditos olvidaron decirnos. La última fase de una cata ocurre horas después: cuando paladeas el sabor de los eructos de aceite. Eso sí es retrogusto, ¡la verdadera experiencia gourmet!

27.12.23

La Chocotorta se baila así

Como gran consumidora de canales de cocina de Youtube llevaba un tiempo viendo vídeos de la Chocotorta: una tarta de galletas, dulce de leche, queso de untar y café o leche con cacao muy fácil de hacer que cuenta con hordas de fans. Puesto que a NeoJín le encanta el dulce de leche, pensé en hacérsela para su cumpleaños, pero resulta que la Chocotorta canónica se hace con galletas Chocolinas, que es una marca argentina. He visto mucha insistencia en que es importante que sea esa marca porque tienen un sabor de chocolate amargo que marida muy bien con el dulce de leche. También insisten mucho en que el dulce de leche sea repostero, que es más duro que el normal, porque si no, puede irse todo a la mierda. No encontré ninguna de las dos cosas, así pues, yo, que quería hacer un postre casero original, terminé pasando por el aro del consumismo comprando por Amazon el Pack Chocotorta, donde te vienen las galletas y el dulce de leche repostero en un empaquetado colorista de lo más bonito. Podemos afirmar que la Chocotorta es como Milei: argentina y capitalista. La experiencia Chocotorta terminó haciéndome sentir como si estuviera haciendo una tarta de la marca Royal, de estas en las que mezclas polvos que vienen en sobres. 

 


Pero bueno, tras tantos vídeos vistos sobre la Chocotorta, tenía la necesidad de probarla y está buena, es bonita y es divertida y relajante hacerla, pero, si la vuelvo a hacer, intentaré la versión no reglada con otras galletas y dulce de leche normal a ver si es tan grande la diferencia.

28.1.18

Planazo de fin de semana

Nada mejor que una tarde de domingo en pijama empalmando telefilms. Esas películas de sobremesa de fin de semana que te enganchan en 10 segundos y que nadie reconoce ver, pero se llevan todas las audiencias a esa hora. Sí, ahora va a resultar que cuando tienes toda la sangre en el estómago digiriendo un kilo de paella lo único que te apetece ver es una película de David Lynch.

Hay veces que empiezo a verlos por casualidad, pero otras, cuando se acercan las 4, NeoJín y yo sopesamos, los nombres y la sinopsis: ¿“Doble embarazo”, “Pasado secreto”o “Durmiendo con su enemigo”?…mmm... difícil erección... Cuando empiezas a ver uno a veces crees haberlo visto ya, pero no cometas el error de cambiar de canal, en cuanto avance un poco la historia verás que es otro distinto, lo que pasa es que siempre son los mismos actores y dobladores. Mis favoritos son los de adolescentes y redes sociales y los de fenómenos paranormales. Los de adolescentes es fácil reconocerlos, porque es como las películas de Leslie Nielsen que todas acaban en “…como puedas”. En este caso es en “… a los 17”: Desaparecida a los 17, Embarazada a los 17, Traición a los 17… Esa no es la única jerga, también está “La … perfecta” (La jefa perfecta, La novia perfecta, La niñera perfecta...). Y es que, en estas películas, como en la vida real, nunca te puedes fiar de la gente perfecta. Si hay una mujer notablemente guapa, así rollo Melania Trump, no importa que llevemos más de una hora de película y no haya nada sospechoso en su conducta, da igual que ya se sepa quién es el secuestrador, ¡esa tía es una arpía! Cuanto más guapa, más mala. Ella ha sido la que ha orquestado el secuestro, ha seducido con absoluta premeditación al marido de la protagonista (que es guapa, pero nunca tanto como la mala), ha suplantado la identidad de alguien y ha cometido el asesinato. ¡Buah! ¡esa zorra es malísima! Encima a la cabrona le salen todos los planes bien. Bueno… hasta que a cinco minutos del final, en un giro inesperado, alguien se huele la tostada y acaba muerta o en la cárcel para el regocijo de todos. En cambio, si nada más empezar la perfección viene de una pareja joven, la cosa cambia. Son guapos, heterosexuales y enamorados. Ella está embarazada, él tiene un buen trabajo. No son gente como tú y como yo, ellos nunca han visto un telefilm mientras se comen una barra entera de espetec después de dos días sin ducharse. No hay que encariñarse demasiado de estos dos, porque en menos de tres minutos sus vidas se truncarán. Accidente de tráfico seguramente.

De estos dos tampoco hay que encariñarse mucho.


Tanta tensión e intriga sólo se relaja un poco en Navidad, que suelen ser de amor, comedia o fantasía con un trasfondo navideño.

Pero si os fijáis, el telefilm está cambiando. Antes era más de procedencia estadounidense, con actores de series que ya estaban de capa caída como Kelly Kapowsky de Salvados por la campana, D.J. de Padres Forzosos, Donna de Sensación de vivir… y basados en hechos reales, cosa que está muy bien porque al final te contaba qué era de los protagonistas a día de hoy “Tracy abandonó las drogas y se casó con Kevin. Juntos abrieron una ortopedia a las afueras de San Diego”.


 Ahora se lleva más el telefilm alemán y canadiense. Yo no le hago ascos a ninguno.