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25.7.24

Aqualandia, un sueño húmedo

El otro día llevé a mis sobrinos al sitio más divertido del mundo: ★ Aqualandia ★. 

Hice como que mi afán era conseguir el ansiado título de Tía del año, pero sólo era una excusa para poder volver a ese maravilloso parque acuático. Mi sueño es ser enfermera allí. Desde que éramos adolescentes, mis amigos y yo siempre hemos conservado en nuestro corazón una bonita historia en la que la prima del Homy fue a Aqualandia y vio a una mujer que al tirarse por un tobogán enorme iba dejando una estela marrón. Es una historia que se vuelve más legendaria con cada narración. Sólo una ciudad tan loca como Benidorm, con más rascacielos y chonis por habitante que cualquier otra, podría albergar un lugar así.



Yo quería que mis Pinchis supieran dónde íbamos para poder emocionarnos juntos pensando en lo que se nos venía, pero mi hermana, que es una madre troll, decidió "darles una sorpresa". ¿Os acordáis cuando les decían a Bart y a Lisa que iban a Disneylandia y los terminaban llevando al dentista? Pues al revés. Les convenció de que íbamos a un monasterio. Ni las lágrimas de mi sobrino (el cual ha sufrido varios monasterios) hicieron que mi hermana reculara con su mentira. Pero cuando les dijimos que tenían que ponerse el bañador, mi sobrina rápidamente se coscó de que algo no cuadraba. Por más que insistió mi hermana en que había llegado el día de su bautismo, no la engañamos. El chiquitín tiene 7 años y es aún inocente. El pobre todavía confía ciegamente en todo lo que le decimos, pero la mayor ya sabe el tipo de familia que le ha tocado. Lleva 9 años sufriéndonos.

En Aqualandia hay un tobogán casi vertical de 33 metros (el tobogán acuático más grande de Europa). Te pones sobre una trampilla que se abre como en El rival más débil y caes a más de 100 km/h.
 

Por alguna razón, era la única atracción que casi no tenía cola en pleno julio. Como amante de las cosas absurdamente enormes, lo probé. Cuando subía los 10 pisos, me cruzaba por las escaleras con gente arrepentida que me rehuía la mirada. Tras montarme puedo decir que sólo sirve para 3 cosas: ser el ídolo de tus sobrinos, chulearte de que te has subido en tu blog y llevarte un enema gratis. En aquel instante supe que aquella historia de la prima del Homy era 100% real y por qué el agua de Aqualandia es salada.

Al finalizar la jornada, volvimos felizmente policontusionados cantando en el coche la Potra salvaje, la nueva canción favorita de mis Pinchis. Sin duda fue uno de los mejores días de nuestra vida y puede que uno de los peores de la de mi hermana y mi cuñado (amantes de los monasterios).

Cuando volví a Úbeda, Neojin había vestido a Maclor con mi ropa y decía que había dormido con él. 


Yo tampoco quise preguntar sobre más detalles. A veces es mejor no saber…

10.6.21

Bombyx mori

Hace unas semanas a mi sobrina le tocó ser la encargada. ¿Que qué es ser la encargada? Eso mismo le pregunté yo a ella la primera vez que oí aquello y aún recuerdo cómo la ilusión y la esperanza inundaban su mirada mientras decía “Ser encargada es casi como ser profe”. Para los que no estéis familiarizados con el sistema político que rige a los niños de parvulitos, todas las mañanas hacen la asamblea, que consiste en que se sientan en círculo como los indios, cantan la canción del “Buenos días” y el encargado pasa lista, pone la fecha y obtiene una serie de privilegios sobre los demás que varían en función de la estación, el colegio... Para que os hagáis una idea, el encargado es la figura más alta de poder a la que aspira un niño de entre 3 y 6 años. Para que no se les suba demasiado el cargo a la cabeza, esa función va rotando cada día. Pues bien, un día que le tocó ser encargada volvió del colegio con una misteriosa caja. Cuando le pregunté, me dijo que se la habían dejado hasta el día siguiente por ser la encargada. Ahí dentro había unos gusanos de seda diminutos y nos explicó que tenía que cuidarlos. Me pareció gracioso y me teletrasportó a cuando yo iba al colegio, que algunos niños de mi clase se traían sus cajas con gusanos para impresionarnos. Pues bien, tuvimos que requisarles la caja a mis sobrinos porque ese discurso de custodiar la integridad de esos pequeños se había transformado en que habían decidido celebrar El día del apaleamiento (la vida de un gusano de seda de una clase de preescolar es durísima). Finalmente, aquellos gusanos volvieron al colegio con vida. Fue una experiencia emocionante para toda la familia.

Pasadas unas semanas, mi sobrino y mi madre volvieron del colegio con otra caja. Al parecer la profesora había reproducido y criado gusanos por encima de sus posibilidades, estaba intentando endosárselos a los alumnos que podía y mi madre accedió a llevarse 3. Cuando fui a casa de mis padres, mis chicos me llevaron corriendo emocionados a que viera sus gusanitos, pero esos no eran como los anteriores. Había dos que estaban dentro de sus capullos y el tercero era enorme, parecía un espárrago Carretilla que reptaba entre sus excrementos. 

Aquello había pasado de fascinante a repugnante. Pero si eso me parecía repugnante, más lo sería la imagen que encontré al buscar información sobre estos seres al salir del capullo. Como es lógico, si el gusano mide unos 5 cm cuando se mete dentro, como poco eso será lo que mida cuando ocurra la magia de la metamorfosis, pero ahora además tendrá patas, pelo, alas y esa forma de volar rápida, errática e impredecible que tienen las polillas. Las imágenes de internet hablan por sí solas.

 


Es un bisonte con alas. Al parecer tienen un origen chino y es que tiene toda la pinta de ser el tipo de insectos que sabes que o vienen de Asia o del Upside Down. 

Por si ese aspecto no es suficiente, estos bichos obviamente tienen capacidad reproductiva. Así es que, si entre esos 3 hay un macho y una hembra, se pueden aparear y poner huevos que entran en un estado de hibernación hasta eclosionar dentro de 9 meses, por lo que para la primavera de 2022 estimo que la casa de mis padres será Jumanji.

Yo no sé a qué estamos jugando como sociedad incitando a los niños a que descubran los horrores el ciclo vital de los gusanos de seda.

13.11.18

Cómo esquilar a tu sobrina

Cuando me enteré de que mi hermana y su camada retornaban a Albacete me entraron las prisas por hacer todas las cosas que no había podido hacer con mis sobrinos antes por vivir tan lejos. Por fin podría vivir la tialdad a tope. Entre esa lista de cosas estaban los peinaditos. Me puse a ver tutoriales y me hice una maestra de las trenzas: de raíz, de boxeador, en espiga... Por otro lado, en mi currículum como peluquera, como he contado por en este blog alguna vez, hace ya tiempo que me corto yo el pelo. Gracias a esta dilatada experiencia como peluquera que me avalaba y a que me leí el libro de La poda y sus secretos de Íñigo Segurola, me confiaron la responsabilidad del flequillo así como del campo visual de mi sobrina y los resultados fueron plenamente satisfactorios. Me di cuenta de que es más fácil cortarle a otro el pelo que a uno mismo y reconozco que empecé a creerme un poco Manolo, el afamado y multigalardonado peluquero de cuarta generación de mi barrio. Había descubierto una nueva vocación. 

Si no eres de Albacete no puedes entender el arte que hay en esta foto

Una vez más pensé que me nominarían al premio Tía del año 2018 y con el éxito subido a la cabeza me atreví a cortarle no sólo el flequillo, sino también todo el pelo. Como ya podéis imaginar, si estoy escribiendo esta entrada es porque mi carrera de éxito se trunco (el éxito no vende).

El plan era cortárselo por los hombros, pero pasó lo que me ocurrió tantas veces con mi flequillo "¡Uy! está más largo de este lado, voy a igualarlo" y así una vez y otra y otra y otra y otra... Encima como tiene un pelo tan liso, cualquier trasquilón se notaba muchísimo. A medida que iba viendo cómo iba quedando mi obra, pensaba en qué le diría a sus padres y sentía un nudo en el estómago. Recordé un sentimiento olvidado, el de cuando era pequeña y sabía que la había liado mucho, pero mis padres no se habían enterado aún. Liarla con ellos en directo era malo, pero te evitabas el sufrimiento hasta que se enteraban. Concretamente me recordó a cuando mis hermanas y yo descubrimos que podíamos pintar sobre una foto con Paint, luego le dabamos a "undo" y mágicamente borrábamos las pruebas. Pues en ese contexto le pintamos coletitas, bigotes... a los señores que aparecían en una foto de un evento muy serio que le pasó a mi padre el alcalde de mi pueblo en un disquete. En medio de la vorágine de risas, no sé si es que cerramos a mitad o que el "deshacer" tenía un número limitado, pero el caso es que de reír pasamos a llorar cuando vimos que aquellas mellas tan graciosas no se borraban de la boca sonriente de esos señores que vivían en aquel disquete. Al ver a mí sobrina trasquilada sentí esa necesidad de "control+Z", con un gran vacío por saber que la vida no me lo iba a dar. Me sentí fatal con el gremio de la peluquería al que tanto he insultado durante mi vida por haberme hecho cortes de pelo que no me gustaban. ¡Qué duro es ver la vida desde el otro lado! Finalmente sólo le dejé dos trasquilones, que para lo mal que llegó a estar, no fue todo lo malo, pero no me atreví a intentar arreglarlos porque ya habíamos llegado al temible territorio del lóbulo de la oreja. Ahora venía lo peor: enseñarle a mi hermana que había convertido a su hija Aaron Carter con traquilones. 

¡Eh, pero no Aaron Carter politoxicómano! No jodamos, que no fue tan mal.

El de los 90

Con cara de haber visto a un fantasma y las dotes interpretativas de un anunciante de Spotify dijo "¡Ay, que guaaaaapa!" para que la niña no sufriera. A ver, que guapa claro que estaba. Quien es guapo lo es aunque lleve ese pelo de Principe de Beckelar. Y menos mal que lo es, porque el que es feo y le ponen ese pelo lo rematan.


Por los acontecimientos aquí narrados mi hermana me ha quitado el carnet de peluquera y, además, ya no tengo dónde hacerle trenzas.

Pero hubo a alguien a quien le encantó el corte, ¡a mi Pinchi! Cuando se vio en el espejo su carita se iluminó de ver que ahora se parecía más a sus ídolos Heidi y Satsuki (me acabo de dar cuenta de que es otaku) ¿y no es acaso eso lo importante? Lo de que le guste el corte, no lo de que sea otaku.

En base a los resultados obtenidos en este estudio del proyecto Sobrinos sujetos de experimentos, concluyo con que a mis hijos nunca les cortaré yo misma el pelo.

EDITO: Dos semanas después, mi Pinchi ha sido encontrada con unas tijeras en su mano derecha y un mechón de pelo en su mano izquierda. Lo malo es que se ha rapado del centro de donde le nace el pelo, sobre la frente y cuando le crezca parecerá Tintín. Lo bueno es que ya nadie habla de lo mal que le dejé el pelo.

28.10.18

Tonari no Totoro

[ Si no has visto Mi vecino Totoro, el siguiente texto está lleno de spoilers ]

Cuando nacieron mis sobrinos en ellos vi los sujetos perfectos para experimentar para cuando sea madre, así si la cago, la cago con los hijos de mi hermana, no con los míos. Pues bien, acorde con esta filosofía pensé que sería una fantástica idea que viéramos Mi vecino Totoro. En mi mente nada podía salir mal y efectivamente, al principio todo iba viento en popa: mi sobrino de un año bailaba cualquier mínima melodía, mi sobrina de tres disfrutaba observando la vida de las hermanas Mei y Satsuki y yo me autoproclamé Tía del año. Hacía siglos que no veía la película y me di cuenta de que tiene un toque un poco lúgubre al principio, al menos para un niño muy pequeño, pero no se asustaron. Aguantaron valientes las escenas sombrías en las que las hermanas están en la buardilla a oscuras sin saber bien qué son esas presencias extrañas y oscuras y no les dio miedo la imponente figura de ese bicho siniestro, enorme y peludo que sólo ruge con la mirada perdida.




El problema vino más adelante. Cuando mi Pinchi vio que la mamá estaba malita su sonrisa dio paso a una boca muy recta. Así estuvo un buen rato hasta que le dije "¿Es que estás triste?" y estas palabras detonaron un llanto sin consuelo. Lo peor es que lo más triste estaba por llegar. Ahí estaba ella llorando sin parar, yo abrazándola y dándole besos sin saber qué decirle, porque no le voy a decir que no llore si no hay nada malo en que lo haga y yo soy la primera que llora viendo películas. El pequeño Ventis nos miraba con cara de "¿Pero qué les pasa a éstas?". El llanto no cesó, porque como ya sabía, la historia se puso más triste y así fue cómo lo que yo esperaba que fuera una hora y media de felicidad, se tornó en 45 minutos de un llanto ininterrumpido. Pese a todo, ella no quería que la quitáramos. La historia acababa feliz, pero ella no dejó de llorar hasta que pasaron diez minutos del final. Y tampoco se recompuso del todo. Le dije que si llamábamos a la yaya para cantarle cumpleaños feliz. Cabizbaja me dijo que no. Intenté chantajearla emocionalmente con ese juego sucio que usamos los mayores sin darnos cuenta "Pobrecita, que es su cumple" y empezó a llorar otra vez sin consuelo. Pensé que Miyazaki y yo le habíamos jodido la vida para siempre, estaba devastada, nunca la había visto así. Menos mal que llegó la hora de comer, había macarrones y se le pasó. Me sentí la peor tía del mundo. Pese a todo, se pasó el día hablándonos de lo mucho que le gustó Totoro y el Gatobús. Había nacido una fan. Al día siguiente se empeñó en que la viéramos otra vez. Para mi sorpresa no sólo no lloró, sino que en las escenas más trágicas se reía (no entiendo su cerebro). Y sí, en el segundo visionado siempre aprecias nuevos matices, pero tras un tercero, cuarto, quinto... hasta tu película favorita se puede convertir en tu peor pesadilla. Quieren verla siempre. Y cuando digo siempre, es SIEMPRE. Pero es que mi sobrino, que yo pensaba que al ser más pequeño la película ni fu ni fa, sólo sabe decir tres palabras: mamá, papá y Totoro (y mamá y papá las usa un poco al tuntún, pero Totoro lo tiene claro). No sabe hablar, pero creedme cuando os digo que sabe pedirnos que se la pongamos. Llevaba tiempo deseando que tuvieran una edad para que pudiéramos ver las películas infantiles que a mí me gustan y que nadie quiere ver conmigo y todo se ha torcido por culpa de ese conejo gris gigante. Cada vez que les pongo una película se niegan y me exigen a Totoro y al final terminamos viéndola una vez más. A día de hoy puedo afirmar que odio Mi vecino Totoro y maldigo el día en el que se lo puse.

Y así fue cómo decidí que a mis hijos les ocultaré la existencia de Mi vecino Totoro.

25.10.16

Otoño

Tranquilos, vuestra it girl favorita no se ha quedado a vivir en Tabarca, aunque siempre quise hacer una serie en plan Doctor en Alaska pero rollo enfermera sustituta. Ésta podría ser la oportunidad:  

Enfermera en Tabarca 

♪ waaau waaau wauuu wau wau ♪

Esta serie, protagonizada por una risueña enfermera, narraría las desventuras que viviría junto con los variopintos lugareños.

Bueno, dejando mis ambiciosos sueños de lado, he desaparecido porque mi ordenador ha muerto y ahora vivo a expensas de mendigar ordenadores a otros humanos. Por si no os lo estáis viendo venir esta entrada es de esas que no van de nada. Mucha letra y poca foto, no digáis que no os aviso.

El 30 de septiembre terminó mi misión estival en Alicante por lo que he vuelto a Albacete hasta que la señora de la bolsa me llame al móvil diciendo "Una enfermera se ha herniado tirándose un mal pedo, ¡vente paca o te sanciono, guarra!" y yo vaya a un sitio indeterminado por un tiempo indeterminado. Ah, la emoción de la vida de la enfermera sustituta.

Tras acabar en Alicante me fui una semana a ver a mi Pinchi al lugar del que vienen las coles.



Mi hermana, que empieza a ser como un Kinder sorpresa, alberga otro bebé dentro de sí. Esto es de gran impacto medioambiental para mí, puesto que todavía hay veces que no me creo que mi Pinchi exista. Creo que me va a dar algo cuando estén los dos juntos, ¿dónde mirar?


Una de las mejores cosas de cuando voy a Bruselas es inflarme a comer suculencias de las panaderías turcas del barrio. No tengo ni puta idea de cómo es la comida belga, pero puedo hacerte una taxonomía de los pastelillos y panes otomanos (me la agarras con la mano). Hablando de comida, tuve un encuentro en la tercera fase con la Thermomix de mi hermana. Oh, Thermomix, cuanto te he odiado cuando buscaba recetas de diversos manjares y sólo encontraba webs en las que se hablaba de velocidades de las cuchillas y varomas. Ahora he entendido el por qué de esa secta: cocinar con ese robotito es adictivo y ahorras un montón de tiempo. Me recuerda a cuando trabajaba en la farmacia de un hospital y preparaba fórmulas magistrales de metadona y colirios de cocaína (también hacía otras fórmulas, pero eso es más resultón, no me digáis que no). Estaba todo calculado al milímetro: pesos, tiempos, velocidades... De hecho yo no sé por qué tenían tantos aparatitos tan sofisticados ahí, si yo creo que la Thermomix podía hacerlo todo y ya de paso, al final del día, hacernos un risotto con regustillo a estupefacientes.

Thermomix, divino tesoro


Una pena que este año no haya pillado la ciudad con los árboles amarillos. Hay un bosque en la ciudad que en otoño es increíble.

Así estaba el año pasado en noviembre


Y así ahora en octubre
A ver, que es para orinarse también, pero eso de que constantemente estén nevando hojas naranjas mola un montón.

Y to eso.

Supongo que empieza una nueva época, tras casi un año en Alicante viviendo sola y bailando en ropa interior a lo Risky Business cuando me daba la gana


Ahora toca volver al domicilio paterno albaceteño, donde sí que existe algo que se parece al invierno *_*. Así es que hasta que la señora de la bolsa me llame para coaccionarme aquí estaré en modo nerd estudiando, haciendo cursos compulsivamente, bebiendo café calentico, con sudaderas y jerseys gordos y, sobre todo, disfrutando de lo que es vivir en la misma ciudad que mi esposo, que no sé cómo lo hace pero cada día está mas guapo.

4.11.15

Otoño en Bruselas

El Manneken Pis es de esas cosas que te esperas mucho más grandes (ejé)
...como decía me vine a Bélgica, porque mi hermana está desterrada en Bruselas, vive en la sede secreta central europea de Los Ramones, en un piso 21. Cuando subes y bajas en el ascensor los oídos te hacen "plop".


A todos estos pobres mortales les robamos el Sol por las mañanas

Desde aquí las vistas son bestiales.



Se atisba hasta el depósito del agua de Albacete
 
A veces parece que los aviones vuelan a nuestra altura y tengo miedo


Básicamente dedico la jornada a comerme a mi sobrina y algún que otro gofre. No estoy aprendiendo casi nada de francés porque sólo hablo (por llamar de alguna manera a lo que hago) con los de las tiendas y los voluntarios de la Cruz Roja y Amnistía Internacional, que los pobres no saben que sólo hablo con ellos para aprender gratis; pero bueno, no me voy a quitar méritos, imito superbien al del queso President, ése que dice "Iba a pgepagag una sena de picoteo" (ese gabacho de acento postizo se piensa que con ponerme tres trozos de queso en una tabla yo ceno).

En la sede secreta cada noche vemos Museo Coconut. Los fines de semana leemos Ranciofacts y debatimos sobre lo rancio que es escribir un libro sobre ranciofacts mientras que nos comemos un cigarrico de chocolate. Los fines de semana también hacemos desayunos divertidos, visitamos sitios increíbles (como Las Ardenas o Ikea) y vemos películas en el proyector (bueno, yo duermo junto a ellos mientras que las ven, ¿a quién pretendo engañar?). Aquí tengo una cámara reflex para usar y a la mejor modelo del mundo. Así todo es más fácil. Si os fijáis me paso la vida gorroneando cámaras. Por si estáis ávidos de ver más fotos mirad aquí (sí, Pedro Vera, mis fotos también son rancias).

Desde que nació mi sobrina nos hemos vuelto medio tontos. Donde se decía "me cago en la puta" ahora se dice "mecachis", todo acaba en -ito, le hacemos 100 fotos iguales y no podemos borrar ninguna, cantar por la calle canciones ridículas está aceptado, nos podemos tirar horas sólo mirándola dormir y repitiendo "hoy está muy bonica", los pedos que ella se tira son siempre celebrados con risas y algarabía, incluso cuando te los tira intramusculares en tu pierna o te despeinan el flequillo mientras que la cambias. Poned un bebé en vuestra vida.

Una de las cosas que me gustan cuando estoy en un país extranjero es que hay muchas cosas raras para comer (raras para mí, claro). Me pierdo en las tiendas turcas, chinas, polacas... buscando las cosas más raras (todas con el certificado de cancerígeno de la OMS).

 
Flanes halal: hay que ponerlos mirando a La Meca para que cuajen

La ciudad, tiene muchos árboles y hasta un bosque, por lo que estoy haciendo un hojario (¿esa palabra existe?) con las hojas que me voy encontrando.

Las rojas con puntas son de un arce canadiense, como la de la 
bandera de Canadá, que me lo ha dicho mi cuñao (toma ranciofact)

Bruselas es una ciudad en la que no me preguntéis por qué sólo se recoge la basura dos veces a la semana. Comer pescado el día después de pasar la basura es sólo para valientes. Menos mal que en este edificio tienen un cuarto para la basura y el reciclaje, ¿sabéis la cantidad de revistas y libros chulos que la gente tira a la basura? Nos pegamos por bajar las cosas al reciclaje. No suele haber mucha gente ahí pero tengo miedo de que un día un vecino me pille dentro del contenedor del papel. Además hay otro aliciente, que es hacer escalas con el ascensor para ver los distintos rellanos porque cada uno tiene una decoración distinta. La emoción está asegurada.