Tonari no Totoro

[ Si no has visto Mi vecino Totoro, el siguiente texto está lleno de spoilers ]

Cuando nacieron mis sobrinos en ellos vi los sujetos perfectos para experimentar para cuando sea madre, así si la cago, la cago con los hijos de mi hermana, no con los míos. Pues bien, acorde con esta filosofía pensé que sería una fantástica idea que viéramos Mi vecino Totoro. En mi mente nada podía salir mal y efectivamente, al principio todo iba viento en popa: mi sobrino de un año bailaba cualquier mínima melodía, mi sobrina de tres disfrutaba observando la vida de las hermanas Mei y Satsuki y yo me autoproclamé Tía del año. Hacía siglos que no veía la película y me di cuenta de que tiene un toque un poco lúgubre al principio, al menos para un niño muy pequeño, pero no se asustaron. Aguantaron valientes las escenas sombrías en las que las hermanas están en la buardilla a oscuras sin saber bien qué son esas presencias extrañas y oscuras y no les dio miedo la imponente figura de ese bicho siniestro, enorme y peludo que sólo ruge con la mirada perdida.




El problema vino más adelante. Cuando mi Pinchi vio que la mamá estaba malita su sonrisa dio paso a una boca muy recta. Así estuvo un buen rato hasta que le dije "¿Es que estás triste?" y estas palabras detonaron un llanto sin consuelo. Lo peor es que lo más triste estaba por llegar. Ahí estaba ella llorando sin parar, yo abrazándola y dándole besos sin saber qué decirle, porque no le voy a decir que no llore si no hay nada malo en que lo haga y yo soy la primera que llora viendo películas. El pequeño Ventis nos miraba con cara de "¿Pero qué les pasa a éstas?". El llanto no cesó, porque como ya sabía, la historia se puso más triste y así fue cómo lo que yo esperaba que fuera una hora y media de felicidad, se tornó en 45 minutos de un llanto ininterrumpido. Pese a todo, ella no quería que la quitáramos. La historia acababa feliz, pero ella no dejó de llorar hasta que pasaron diez minutos del final. Y tampoco se recompuso del todo. Le dije que si llamábamos a la yaya para cantarle cumpleaños feliz. Cabizbaja me dijo que no. Intenté chantajearla emocionalmente con ese juego sucio que usamos los mayores sin darnos cuenta "Pobrecita, que es su cumple" y empezó a llorar otra vez sin consuelo. Pensé que Miyazaki y yo le habíamos jodido la vida para siempre, estaba devastada, nunca la había visto así. Menos mal que llegó la hora de comer, había macarrones y se le pasó. Me sentí la peor tía del mundo. Pese a todo, se pasó el día hablándonos de lo mucho que le gustó Totoro y el Gatobús. Había nacido una fan. Al día siguiente se empeñó en que la viéramos otra vez. Para mi sorpresa no sólo no lloró, sino que en las escenas más trágicas se reía (no entiendo su cerebro). Y sí, en el segundo visionado siempre aprecias nuevos matices, pero tras un tercero, cuarto, quinto... hasta tu película favorita se puede convertir en tu peor pesadilla. Quieren verla siempre. Y cuando digo siempre, es SIEMPRE. Pero es que mi sobrino, que yo pensaba que al ser más pequeño la película ni fu ni fa, sólo sabe decir tres palabras: mamá, papá y Totoro (y mamá y papá las usa un poco al tuntún, pero Totoro lo tiene claro). No sabe hablar, pero creedme cuando os digo que sabe pedirnos que se la pongamos. Llevaba tiempo deseando que tuvieran una edad para que pudiéramos ver las películas infantiles que a mí me gustan y que nadie quiere ver conmigo y todo se ha torcido por culpa de ese conejo gris gigante. Cada vez que les pongo una película se niegan y me exigen a Totoro y al final terminamos viéndola una vez más. A día de hoy puedo afirmar que odio Mi vecino Totoro y maldigo el día en el que se lo puse.

Y así fue cómo decidí que a mis hijos les ocultaré la existencia de Mi vecino Totoro.

Comentarios

NeoJin ha dicho que…
No he visto totoro asi que no te leo!
:*
conejito zombi ◕‿◕ ha dicho que…
Lo increíble eseque a estas alturas no la hayas visto 9 veces. Creo que no vas a descubrir nada que no sepas leyéndola.