4.7.26

Hotel rural en Nomagari con Trivago


Cuando se anunció el lanzamiento del segundo videojuego de Shin chan, en esta casa se celebró con mucha algarabía puesto que ya jugamos al primero y quedamos encandilados con su magia 

En esta segunda entrega eres un Shin chan que ha ido a pasar el verano al pueblo de Nomagari, donde viven sus abuelos. Allí dedica sus despreocupados días a cultivar el huerto y a coleccionar animales, plantas y minerales.


Si hay algo que admiro de los artistas japoneses en cualquier disciplina es cómo son capaces de encontrar la belleza en lo simple. Quitan la purria e identifican lo imprescindible. Un par de elementos que, al combinarlos, evocan unos sentimientos que no sabías ni que tenías. Esto pasa mucho durante el juego. Por ejemplo, en las transiciones que separan el día de la noche. 

*Sonido de chicharras aquí*

Basta una imagen y un sonido para teletransportarte al verano de 1992, en tu pueblo, haciendo carreras de caracoles y sin ninguna preocupación, más allá de la posibilidad de que tu abuela te castigara sin ver el ¿Qué apostamos? por haberte manchado otra vez la camiseta blanca con un Frigopié. Es curioso cómo se parecen los veranos de un niño japonés a los de un niño español. Las únicas diferencias son que tu abuela no te hacía ramen para cenar, sino una tortilla francesa con salchichas Frankfurt y que tu hermana no se llamaba Himawari, sino Juana Mari.

Un minuto de silencio para las personas que no tienen pueblo.

La paz mental que produce el juego es como un spa para el cerebro que hará que te quieras quedar a vivir dentro de él. Esto lo consigue con el ritmo pausado de sus días, los paisajes del Japón rural, la música... Algo que, en un plot twist que no me vi venir, da un giro de 180º en el que Shinnosuke se desmadra cuando descubre su afición por la gasolina y el tuning.


Pero no todo es cultivar hortalizas, coleccionar bichos y niños de preescolar conduciendo en carreras ilegales, también tienes que completar misiones porque un considerable número de adultos quiere que este niño de 5 años les resuelva sus problemas. No hablo de simples recados. Puede que un señor te pida que le pesques un cangrejo, pero no cualquier cangrejo, él quiere un ejemplar único que, por un capricho de la genética, es azul eléctrico. Evidentemente no es fácil encontrar semejante espécimen. ¿Y para qué lo quiere? Para hacerse unas croquetas con él ¡Tócate los huevos! Imaginad decirle a tu vecino de 5 años que se te han antojado unos nuggets de lince ibérico, que te cace uno. Y es que, de la mano de Shin chan, puedes vivir la experiencia única de amenazar la biodiversidad de tu localidad mediante la caza masiva de especies. Las consecuencias ambientales no se narran en el juego, pero es algo implícito e inevitable.



Como punto en contra, diré que sólo puedes jugarlo en versión original, por lo que tendrás que deleitarte con la voz de cazalla del Shin chan japonés, pero gracias a esto puedes vivir divertidos momentos teniente en los que Shin chan parece hablar en perfecto español diciendo "Hasta ahoraaaa" al montarse en el trenecito. También eché en falta con respecto a la anterior entrega una buena calistenia matinal.

Por causas evidentes, los juegos de Shin chan sólo pueden jugarse en verano, a no ser que tengas un justificante médico.


Nevado en Carbónpolis tiene un lugar especial en el corazón de NeoJín y mío, aparte de por todo lo narrado, por las circunstancias en las que se jugó. Lo empezamos en un momento en el que éramos muy felices: el verano pasado, cuando estaba embarazada. Cuando nos quedaba el capítulo final, estando yo de 5 meses, tuvimos que ir a urgencias. Lo que no sabía al entrar al hospital era que no volvería a cruzar esa puerta hasta 21 días después y, mucho menos, que lo haría sin él dentro de mí. En otoño, nuestro microscópico bebé nació en el límite de la viabilidad y, junto a su incubadora, le prometimos que no volveríamos a jugarlo si no estábamos los 3 juntos otra vez. Todavía no sabía respirar y ya tenía un backlog. Hubo muchos momentos en los que pensaba que nunca lo terminaríamos y que este juego sería otro recuerdo doloroso que sumar a la lista, pero, afortunadamente, este invierno (y con justificante médico) por fin pudimos acabarlo.


Por todo esto, Shin chan, Nevado en Carbónpolis es el mejor juego de la historia y si no estás de acuerdo, es porque eres gilipollas.


Feliz verano :)